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Acoso

A story in two languages

By Lara SansonPublished 3 years ago 27 min read
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Me desperté y me dispuse a caminar un poco por la ciudad. En realidad odio caminar por la ciudad pero, siendo domingo por la mañana, las calles estaban bastante despejadas y había poco tráfico.

Me sentía feliz conmigo misma por mi decisión de comenzar a hacer ejercicio. Me sentí bien, empoderada y gratamente sorprendida de haberme despertado tan temprano sin alarma en un domingo.

Volvía a tener fuerza después de haber estado un poco deprimida por un tiempo.

En un momento dado, después de caminar un buen rato con una gran sonrisa en mi rostro, vi a una anciana sentada en un banco, a varios metros de distancia. Estaba dando de comer a unas palomas mientras me miraba fijamente. Entonces mi instinto me dijo alto y claro "Está a punto de hacer un comentario sobre tu peso".

Fue lo primero que pensé porque he tenido numerosos encuentros con ancianas que parecen estar genuina y desinteresadamente preocupadas por mi salud, a pesar de no conocerme en absoluto. Y suelen ser muy elocuentes al expresarlo.

"¡Oye! ¡Tienes que dejar de comer!" – gritó esta altruista mujer desde su cómodo y lejano asiento en el frío banco de la insensibilidad.

Soltó la bomba. La sangre se me volvió magma; densa y ardiente. Una parte de mí quería chillarle que se metiera en sus asuntos; otra parte de mí quería ponerla en evidencia con preguntas cómo "¡¿Dónde están sus modales, señora? ¿Con qué derecho cree que puede insultarme a grito pelado?!"; aunque otra parte de mí me decía que pasara de largo, que no merecía la pena. Y fue ahí cuando recordé todas las veces que ese mismo evento había sucedido en mi vida hasta ese momento. Así que decidí hablar sobre lo que acababa de suceder y abordar la situación con calma.

Comencé a caminar directamente hacia ella. Una vez que estuve cerca, la miré intensamente a los ojos y muy tranquilamente le respondí:

-Y usted tiene que dejar de decirle a la gente lo que debe o no debe hacer.

Anciana: No, cariño, pero no puedes estar tan gorda. No es bueno para ti.

Yo: ¿Cree que no soy consciente de eso? No creo que esté considerando cómo puede afectar a otra persona con sus palabras. Realmente puede lastimar a la gente.

Anciana: Tienes razón. No debería haber dicho nada.

Yo: Sé que tiene buenas intenciones, pero es un hecho tan obvio expresado de una manera tan irrespetuosa que ni está proporcionando ninguna información nueva ni me está ayudando de ninguna manera.

Anciana: Pero apuesto a que comes mucho, ¿no?

Yo (respirando profundamente): A veces lo hago, a veces no. Sin embargo, he estado a dieta desde los 9 años, y solo comía verduras y mucho pescado, y nunca alcancé mi peso ideal... y siempre me sentí miserable.

Anciana: Bueno, ¡entonces vuelve a hacer dieta!

Yo: No voy a hacer dieta. ¿Ha considerado que podría ser feliz así?

Anciana: No, no es bueno para ti.

Yo: Mi análisis médico muestra que todos mis niveles son correctos, mucho mejores que muchas personas más delgadas que yo. No estoy diciendo que deba estar gorda, pero estoy perfectamente sana.

Anciana: Pero no es bueno para tus rodillas. Mi hijo perdió mucho peso caminando mucho.

Yo: Eso es genial. El ejercicio es genial. De hecho, es justo lo que estaba haciendo antes de que me gritase hace unos minutos.

Anciana: ¡Oh, eso es bueno!

Sé que a estas alturas muchos de ustedes estarán pensando que es absurdo mantener una conversación como esta. Yo también llegué a pensarlo, pero quería seguir hablando con ella para llegar un poco más allá.

Yo: ¿Sabe? Algo mucho más importante que hacer dieta o hacer ejercicio es mirar profundamente dentro de uno, a nuestras emociones. Porque nuestras emociones impulsan nuestras vidas.

Anciana: ¡Claro que sí! Las emociones son muy importantes. Una persona puede sentirse insatisfecha, por ejemplo.

Yo: Definitivamente. Y si no estoy satisfecha con mi vida podría, por ejemplo, convertirme en alcohólica, hacerme adicta al juego, a las drogas, o a cualquier otra cosa para llenar mi vacío, como usar la comida como consuelo.

Anciana: Sí. El marido de mi hija se fue con otra persona. Tiró a la basura 21 años de matrimonio.

Yo: Lamento escuchar eso.

En ese mismo momento pasó un grupo de jóvenes. Parecían regresar a casa después de una típica fiesta de sábado por la noche. Todavía estaban borrachos. Algunas de las chicas vestían faldas muy cortas.

Anciana (mirándolos con severidad): ¿Puedes creer que alguien pueda vestirse así? No me gusta en lo que nos estamos convirtiendo como sociedad. Cuando era joven permanecí virgen hasta mi matrimonio. Ni siquiera sabía lo que era un clítoris hasta después de tener mi tercer hijo... ¡y tengo 4 hijos!

Ambas nos echamos a reír... me estaba empezando a caer bien esta mujer.

La conversación estaba cambiando y ella me estaba contando historias sobre sus hijos e hijas, sus desgracias, las cosas que no le gustaban de la vida moderna, cómo ganar mucho dinero corrompió a su otro hijo, que engañó a su esposa y estaba a punto de dejarla, pero ella lo perdonó... Tenía algunas creencias limitantes muy serias sobre el dinero y sobre muchas otras áreas de la vida. No discutí con ella sobre eso... todavía estaría allí con ella ahora mismo si hubiera seguido ese camino.

Ella estaba preocupada. Se preocupaba por su familia y se preocupaba por mí, a pesar de que yo era una completa extraña. Igual estaba aburrida. Quizás se sentía sola.

Anciana: ¿Sabes? No debería haberte dicho eso. Solo veo que tienes una cara realmente bonita, eres tan agradable y tan joven... ¡Es una pena que estés tan gorda!

¿Y los chicos? – siguió. Tenía una expresión de lástima en su rostro, ya que estaba segura de que no podía encontrar un novio o alguien que realmente me quisiera, dada mi circunstancia - ¿Te prestan atención?

Yo: Mi novio tenía un trabajo en su ciudad natal. Ese trabajo no pagaba mucho, pero era un trabajo. Cuando tuve que mudarme a esta ciudad después de recibir una buena oferta de trabajo aquí, se lo conté.

Ya podía ver cómo me miraba con pena. Estaba a punto de decirme que lamentaba que mi novio y yo no pudiéramos estar juntos cuando continué:

¡Y decidió dejarlo todo y venir conmigo! Puedo decir con seguridad que estamos enamorados y ambos sentimos que maravillosa poder compartir nuestra vida en nuestra nueva casa.

Anciana (sorprendida): ¡Oh!

Yo: En realidad él cree en mí y quiere que sea feliz... La mayor parte del tiempo él es un apoyo más grande para mí que yo misma. Estoy trabajando en eso precisamente, en amarme más a mí misma.

Anciana: Eres una persona muy agradable.

Yo: No tienes que sufrir por mí. ¿Cuál es tu nombre?

Anciana: Ester

Yo: Ese es un nombre muy bonito. Encantada de conocerte Ester. Yo soy Lara.

Esther: Qué bonito nombre.

Lara: Gracias. Ester. ¿Sabes? Mucha gente me ha llamado gorda en mi vida.

Esther: Apuesto a que sí.

Yo: ¿Sabes lo que pensé cuando me gritaste antes? Pensé "Pasa, Lara... no le prestes atención a esa vieja"

Ester: Deberías haber hecho eso.

Yo: Pero yo no quería hacer eso... quería hablar contigo. Mucha gente me habría dicho que no vale la pena a hablar con personas como tú.

Ester: Y habrían tenido razón.

Yo: Pero yo quería hablar contigo y hacerte saber cómo me hiciste sentir. Sabes, si me hubieras dicho lo mismo hace 2 años, probablemente me hubiera ido a casa y me hubiera puesto a llorar. Y luego al rato me habría enojado muchísimo.

Esther (sorprendida): ¿En serio?

Para entonces estaba claro para mí que ella debía sentirse muy poco escuchada en su vida. Seguro que sentía que su opinión en su vida no contaba para nadie, ya que no podía creer que sus desacertadas palabras hacia mí tuvieran un impacto tan grande. Aparte me lo había estado diciendo activamente desde el principio de nuestra conversación, como cuando dijo "No deberías haberme escuchado".

Sus gritos con comentarios groseros dirigidos a extraños podrían tener muchas explicaciones. Simplemente podría ser una mujer inestable; podría ser sencillamente mala; podrían encerrar mucho dolor y ser la válvula de escape que una persona necesita para desquitarse con personas que también tienen problemas y no sentirse la única desdichada; podía sentirse invisible, no escuchada, sin importancia; ella podría ser una combinación de muchas de esas cosas, o todas las anteriores, y más.

Yo elegí creer que Ester no era simplemente una persona mala. Y me di cuenta de que una cosa era segura. Estaba dispuesta a ser inapropiada en sus comentarios en un intento desesperado por descubrir si sus palabras le importaban o no a alguien. Ella estaba descubriendo que sí tenía voz y podía usarla para destruir o animar. Yo estaba aprendiendo que este asunto no era nada personal en mi contra. Estábamos sacándole partido a esta conversación aparentemente inútil.

Ester: Eres una persona muy agradable. No prestes atención a lo que te dije. No debería haberlo hecho. ¿Y sabes? No me importaría si fueras tres veces más grande de lo que eres ahora... Solo veo que eres tan joven y me entristece.

Se disculpaba a su manera, a pesar de sus contradicciones.

Yo: ¿Sabes? Tengo 28 años. No debería sermonearte.

Ester: Yo tengo 82 años, la misma edad al revés.

Yo: ¿Ves? Yo quería decirte esto no para sermonearte, sino para hacerte saber cuánto puedes lastimar a las personas al comentar sobre su cuerpo, sin ni siquiera saber si tienen problemas hormonales, problemas emocionales, depresión,... ¡no sabes nada de ellos! Sé que tienes buenas intenciones, pero un comentario así nunca ayudará de la manera que crees que estás ayudando. De hecho, el 99% de las veces, por no decir el 100% de las veces, tendrá el efecto completamente opuesto.

¿Sabes qué? Perdí 3 kilos en 2 semanas sumergiéndome solo en mis emociones, en lugar de estresarme por las dietas y el ejercicio. Hay muchas más cosas que suceden dentro de nosotros de las que son aparentes a simple vista.

Esther: ¿Has perdido 3 kilos?

Yo: Por eso te digo... no sabes si la persona ya está trabajando en sí misma y cuando lanzas un comentario así la haces sentir mal y entonces decide "¿por qué me esfuerzo?". ¡Eso me ha pasado a mí muchas veces! O tal vez simplemente machacas tanto a la persona que se va a casa con una sensación devastadora. Nadie debería tener que soportar comentarios desagradables de extraños así, al azar, sin un buen motivo.

Yo seguiré perdiendo peso a mi manera... sin centrarme solo en dietas y ejercicio.

Ester: Espero que lo consigas.

Yo: No. ¡Lo haré!

Ella sonrió.

Ester: ¿Sabes? Me avergüenza haberte dicho eso. Si le cuento a mis hijos lo que acaba de pasar contigo... ¡me van a regañar! Así que mejor no les digo nada.

Yo: ¡No! Cuéntales... cuéntales lo que pasó ... Cuéntales que, al final, hablamos de muchas cosas y compartimos una linda media hora.

Ester: Te pido disculpas, de verdad.

Yo: Sé que tienes buenas intenciones, Ester, pero voy a pedirte una cosa... La próxima vez que estés a punto de gritarle un comentario cruel a alguien, piensa en cómo puede hacerle sentir. Realmente puedes herir mucho con tus palabras.

Ester: Eres muy buena persona. Espero que consigas el trabajo.

Previamente le había hablado de mi próxima entrevista de trabajo para un puesto en la orquesta sinfónica de esa ciudad.

Yo: ¿Sabes, Ester? Si consigo el trabajo pasaré por este lugar más a menudo, para poder verte y hablar un poco más.

Ester: Cuídate y buena suerte. Fue un placer conocerte, Lara.

Yo: ¡Cuídate, Ester! Fue agradable conocerte también.

Esto es todo lo que puedo recordar de la conversación. Fue realmente duro. No sé si esto es frecuente en otros países pero, aquí en España, muchos ancianos y jubilados se sientan en las plazas o parques, o se pasean por las calles y te lanzan comentarios inapropiados. No saben hacerlo de otra manera. Les pesan los años y les pesan sus problemas porque nadie en su generación les enseñó que en la vida hay cosas mucho más importantes que la parte material. Debemos tener paciencia, empatía y la voluntad de ayudarlos. Cuando vemos a un anciano cargando bolsas de la compra y se le caen, o cuando no pueden cruzar la calle solos suele haber un alma caritativa que aparece para ayudarlos físicamente. Eso pretendía ser mi conversación con Ester; una ayuda para cruzar a la calle de la empatía, aunque solo fuera durante un rato de un día.

He recibido muchos comentarios sobre mi peso a lo largo de mi vida, y siempre volvía a casa sintiéndome golpeada, agotada, completamente avergonzada y realmente enfadada. Enfadada con ellos y enfadada conmigo, por no defenderme.

Le dije a Ester que quería hablar con ella porque quería hacerle saber algunas cosas sobre el impacto de su acción en la vida de otras personas; impacto en el que tal vez nunca hubiera reparado; y porque creo que la gente siempre puede cambiar, sin importar la edad que tenga. Quizás Ester olvidó nuestra conversación al día siguiente, o quizás la recordará por el resto de su vida... ¿quién sabe?

Es un pensamiento hermoso imaginar que se volvió un poco más consciente de sus palabras hacia otras personas y hacia sí misma; o imaginarla compartiendo esta historia con sus amigos, contribuyendo así a generar conciencia sobre este tema. ¡Quizás estés leyendo esta misma historia ahora mismo, Ester! Si ese es el caso, quiero decirte que aún tengo peso extra que no he podido perder... todavía... y ¡oh! No conseguí ese trabajo en la sinfónica, pero me mudé a París por un tiempo y luego me embarqué en un crucero y trabajé en el mar durante algunos años.

Pero esas son historias que compartiré con ustedes en otro momento.

Volviendo al final de la historia de hoy; siento que fue mi manera de finalmente defenderme. Por todas esas veces que me fallé al dejar que las palabras o acciones de otros me arruinaran el día, o la semana, o minaran mi voluntad y mi amor propio; por todas las veces que no luché por mi misma y acepté insultos de extraños y comentarios inapropiados de conocidos, amigos e incluso familia. Durante todos esos momentos me estaba enviando, indirectamente, el mensaje "Tienen razón. Estás gorda, es normal que la gente lo comente ... ¡Te lo mereces!"

Otorgar tu poder a otro y dejar que te mine la autoestima es horrible, pero aún peor es convencerte de que te mereces ese trato. Es desgarrador. Ya no quería ser mi peor enemiga.

Nunca quise pelear con esta mujer. Pero no iba a irme sintiendo que no había hecho nada para detener este... acoso.

Me enorgullece decir que encontré una manera elegante de honrarme a mí misma, honrar mis emociones verbalizándolas de una manera que también permitió a otra persona, al menos, tener una conversación adulta, poderosa, valiente y esclarecedora.

No sé cómo reaccionaría si esto volviera a suceder, pero me gustó mi interacción con Ester. Ella se abrió a mí, yo me abrí a ella. Vi un lado de ella que no pude ver al principio. Entendí un poco más de dónde venían sus palabras. Aprendí más sobre las conexiones engañosas entre las apariencias y los problemas más profundos. Pero, lo más importante para mí en ese momento, me levanté y luché por mí misma, con respeto y amor.

Esta historia está dedicada a todas las pequeñas Laras que alguna vez se sintieron mal o fueron abusadas verbalmente.

Siempre puedes elegir el amor; amor por ti mismo, amor por las personas que te rodean, amor por el mundo. Siempre puedes elegir amar. Y, si eliges ser desagradable, que también es tu derecho como ser humano... solo debes saber que, en algún momento, podría llegar una persona amorosa que detectará tu dolor y te ayudará gentilmente a encontrar el camino de regreso a tu centro, de vuelta a tu corazón.

-L.S.

BULLIED

I woke up and got ready to do some walking around the city. Walking in the city is not my cup of tea but, it being a Sunday morning, the streets were pretty clear and there was little traffic.

I was so happy about my decision to start to exercise. I felt good about myself, empowered and pleasantly surprised that I had woken up so early without an alarm, on a Sunday!

I finally had a renewed sense of strength after I had been slightly depressed for a while.

At one point, after I had been walking for a while with a big smile on my face, I saw an old lady sitting on a bench, feeding some pigeons. This lady was fixedly looking at me and my instinct spoke loud and clear "She is about to make a comment on my weight". I thought that because I have had numerous encounters with old ladies that seem to be so selflessly concerned about my health, even though they don't know me at all, and they are ever so eloquent to express it. I was right, one more time, as she immediately yelled at me - as we were kind of far - "Hey! You need to stop eating!"

BOOM!!! She dropped the bomb. I was FURIOUS. One part of me was just so extremely angry "Where are people's manners? What the heck??" and remembered all the times this same event had happened in my life up to that point. But another part of me wanted to talk about what had just happened and address the situation with the lady.

So I started walking directly to her. Once I was close, I intently looked into her eyes and very peacefully said:

-And you need to stop telling people what they should or shouldn't do.

(Now, I am from Spain and there is a polite way to refer to old people when you say the word "you". You say "usted" instead of "tú". I used the polite form, of course. I didn't lose my temper at any moment)

Old lady: No, honey, but you can't be that fat. It's not good for you.

Me: Do you think that I am not aware of that? I don't think you are considering how you can affect another person with your words. You can really hurt people.

Old Lady: You are right. I shouldn't have said anything.

Me: I know that you mean well, but it is such an obvious fact expressed in such a disrespectful way that you are neither providing any new information nor are you helping me in any way.

Old Lady: But I bet you eat a lot, don't you?

Me (I had to take a deep breath): Sometimes I do, sometimes I don't. I have been on a diet since I was 9, though, and I only ate vegetables and lots of fish, and I never reached my goal weight...and I was always miserable.

Old Lady: Well, then you diet again!

Me: I will not diet. Have you consider I might be happy like this?

Old Lady: No, it isn't good for you.

Me: My medical analysis show that all my levels are correct, much better than many people who are thinner than me. I am not saying I should be fat, but I am perfectly healthy.

Old Lady: But it's not good for your knees. My son lost a lot of weight by doing a lot of walking.

Me: That's great. Exercise is great. I was actually doing just that before you yelled at me minutes ago.

Old Lady: Oh, that's good!

I know that, by now, many of you might be thinking that it is absurd to maintain a conversation like this. At one point I thought that it was absurd as well, but I wanted to keep talking to her, to reach a deeper level

Me: You know? Something much more important than dieting or exercising is actually to look deep inside you, into your emotions. Because our emotions drive our lives.

Old Lady: Sure thing! Emotions are so important. One person can be unsatisfied, for example.

Me: Definitely. And if I am unsatisfied with my life I might overeat, or become an alcoholic, or do many other things... to fill my emptiness, for example.

Old Lady: Yes. My daughter's husband left with someone else. He threw away 21 years of marriage.

Me: I am sorry to hear that.

At that very moment a group of young people passed by. They looked like they were just returning home after a Saturday night’s out, and they were still drunk. Some of the girls were wearing really short skirts.

Old Lady (looking at them sternly): Can you believe someone can be dressed like that? I don't like what we are becoming as a society. When I was young I remained a virgin until my marriage....I didn't even know what a clitoris was until after I had my 3rd son...and I have 4 children!

We both started laughing...I was starting to like this woman.

The conversation was shifting and she was telling me about her sons and daughters, their misfortunes, the things she didn't like about modern life, how making lots of money corrupted her other son, who cheated on his wife and was about to leave her too, but she forgave him… She had some serious limiting beliefs about money and about lots of other areas of life. I didn't argue with her about that...I would still be there with her right now if I had gone down that path.

She was worried. She worried about her family and she worried about me, even though I was a complete stranger. She might have been bored as well. Maybe she felt alone.

Old Lady: You know? I shouldn't have told you that. I just see you have a really pretty face, you are so nice and so young...It's a shame you are so fat!

What about the boys? -she had a pity-like look on her face, as she was sure I couldn't find a boyfriend or anyone who truly loved me, for that matter- Do they pay attention to you?

Me: My boyfriend had a job in his hometown. That job didn’t pay much, but it was a job. When I had to move to this city after I got a nice job offer here, I told him.

By this point she was about to tell me she was sorry that we couldn't be together when I continued:

Me: And he decided to quit everything and come with me! I can safely say we are in love and we both feel is a great thing to be able to spend time together.

Old Lady (surprised): Oh!

Me: Actually, he believes in me and wants me to be happy...he is a bigger support to me than I am for myself, most of the time. I am working on loving myself more.

Old Lady: You are a very nice person.

Me: You don't have to suffer for me. What's your name?

Old Lady: Ester (Spanish spelling for Esther, as I am sure you already guessed)

Me: That's a lovely name. Nice to meet you Ester. I'm Lara.

Esther: What a pretty name.

Lara: Thanks. Esther, you know? Lots of people have called me fat in my life.

Esther: I bet.

Me: You know what I thought when you yelled at me earlier? I thought "Rise above, Lara...don't pay attention to the old lady"

Esther: You should have done that.

Me: But I didn't want to do that...I wanted to talk to you. Lots of people would have told me that it is not worth anyone's time talking to people like you.

Esther: And they would have been right.

Me: But I wanted to talk to you and let you know how that made me feel. You know, if you had told me that 2 years ago I would have probably gone home and start crying first. Then I would have become extremely angry.

Esther (shocked): You would?

It was clear to me by then that she must feel unheard in her life, since she couldn't believe that her nasty words towards me would have such a big impact. And she had been actively telling me that earlier in our conversation too, like when she said "sure, you shouldn't have listened to me".

Her screaming mean comments to strangers could have many explanations. She could simply be an unstable woman; she could be plain mean; she could be in a lot of pain herself; she could feel invisible, unheard, unimportant; she could be a combination of many of those things, or all of the above, and more.

I chose to believe she wasn’t simply a mean person. And I realized that one thing was certain. She was willing to be inappropriate in her comments in a desperate attempt to discover whether or not her words mattered to anyone.

Esther: You are such a nice person. You don't pay attention to what I told you. I shouldn't have. You know? I wouldn't care if you were three times as big as you are now...I just see you are so young and it makes me sad.

She was apologizing in her own way, despite her contradictions.

Me: You know? I am 28. I shouldn't lecture you.

Esther: I am 82, same age backwards.

Me: You see? I wanted to tell you this not to lecture you, but to let you know how much you can hurt people by commenting about their bodies, without even knowing whether they have hormonal problems, emotional problems, depression,...you know nothing about them! I know you mean well, but that is never going to help them in the way you think you are helping. In fact, 99% of the time, not to say 100% of the time, it will have the complete opposite effect.

You know? I lost 3 kilos in 2 weeks by diving into my emotions alone, instead of stressing about diets and exercise. There are so many more things going on inside of us than what's apparent to the eye.

Esther: You have lost 3 kilos?

Me: That's why I am telling you...you don't know if the person is already doing some work on themselves and when you throw a comment like that, you make them feel awful and decide that "what's the point?". That has happened to me before! Or maybe you just irritate them so much that they go home with a devastating feeling. No one should have to put up with nasty comments from random strangers for no good reason.

Me: I will continue to lose weight my way...without focusing on diets and exercise alone.

Esther: I hope you make it.

Me: No. I WILL make it!

She smiled.

Esther: You know? I am embarrassed that I told you that. If I tell my kids what just happened with you....they would give me such a hard time! So I won't tell them.

Me: No! Tell them...tell them what happened...Tell them that, in the end, we spoke of many things and we shared a nice half an hour.

Esther: I apologize to you, really.

Me: I know you mean well but I just want to ask one thing of you... Next time you are about to yell a mean comment out to somebody, think about how it can make them feel. You really can hurt so much with your words.

Esther: You are a really nice person. I hope you get the job (I had previously told her about my upcoming job interview for a tenure in that city’s symphony orchestra)

Me: You know, Esther? If I get the job I will walk by this place more often, so that I can see you and we can talk some more.

Esther: You take care and good luck. It was really nice to meet you, Lara.

Me: Take care, Esther! It was nice to meet you too.

This is all I can remember from the conversation. It was really harsh. I don't know if this is frequent in other countries but here in Spain, lots of old retired women and men sit in the squares or parks, or they walk around...and they throw comments like that to you.

I have received many comments regarding my weight throughout my live, and I always left feeling beat up, depleted, completely embarrassed, and really angry with them, angry with me, for not standing up for myself.

I told Esther that I wanted to talk to her because I wanted to let her know a few things about her action’s impact in other people’s lives that she might have never even thought about; and because I believe people can change, no matter how old they are. Maybe Esther had forgotten our conversation by the following day, or perhaps she will remember it for the rest of her life...who knows?

It’s a beautiful thought picturing that she became a bit more aware of her word choices towards other people and towards herself; or to imagine her sharing this story with her friends, thus helping to bring some awareness to this issue. Maybe you are reading this very story right now yourself, Esther! If that’s the case I want to tell you that I still have some extra weight I haven’t been able to lose… yet… and oh! I didn’t get that job at the symphony, but I moved to Paris for a while, and then I embarked a cruise ship and worked at sea for a few years.

But those are stories I will share with you some other time.

Coming back to the end of today's story, I feel like it was my way of finally standing up for myself, for all those times I failed myself by letting people off the hook. During all those times I was, indirectly, sending myself the message "They are right. You are fat, it is normal that people comment on it...You deserve that!"...which is just so heartbreaking. I didn't want to be my worst enemy anymore.

I never wanted to fight with this woman. I just wasn't about to leave feeling like I didn't do anything to stop this...bullying, really!

I am proud to say I found a graceful way to honor myself, honor my emotions by verbalizing them in a way that also allowed another person to, at the very least, have a powerful, brave and empowering half an hour conversation.

I don't know how I would react if this happened again, but I liked my interaction with Esther. She opened up to me, I opened up to her. I saw a side of her that I didn't get to see at the beginning. I understood a bit more where she and her comment came from. I learnt more about the deceitful connections between appearances and deeper issues. But, most importantly for me at that time, I stood up and fought for myself, with respect and love.

This is dedicated to all the little Laras that ever felt bad or verbally abused!

You can always chose love; love for yourself, love for the people around you, love for the world. You can always chose to be loving. And, if you chose to be nasty, which is also your right as a human being…just know that, at some point, there might come a loving person that will spot your anger, and gently help you find the way back to your center, back to your heart.

Observe. Listen. Open up. Trust. Love and be loved.

I love you.

humanity
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About the Creator

Lara Sanson

Violinist.Amateur Writer.Haiku lover.Cat person.Alice in Wonderland.Surrealism.A very shiny cube made with extraterrestrial materials.Anxious.Can't summarize.Mother tongue:Spanish.Hugs trees.Cries when holding a sting ray.Wanderlust.

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